Hace unas semanas dando una vuelta por la biblioteca pública de Segovia, me encontré en la sección de psicología con un libro titulado “La tiranía del culto al cuerpo” de Susie Orbach (título original “Bodies”).

La pregunta sobre la que gira le libro es ¿cómo tener un cuerpo?. Puede que vosotros penseis lo mismo que yo, pués teniendo un cuerpo, que cosas, si el cuerpo nos es dado. Porque según Orbach ahora más que nunca vivimos bajo el paradigma de que el cuerpo no nace, sino que se hace. Por tanto, ella considera que es fundamental reaprender a cómo habitarlo, es nuestro hogar, sin considerarlo un objeto y más bien como el resultado de la biología.

Otra de las ideas más importantes del libro es el “mito del hombre posmoderno”, hecho a sí mismo. En el mundo anglosajón el “selfmade man” tiene mucha preponderancia en la sociedad y en el mundo de los negocios, un claro ejemplo sería el fallecido Steve Jobs.  Debo reconocer que nunca había considerado esto como algo negativo, pero la idea que Orbach desarrolla basándose en este mito y con respecto a nuestro cuerpo es muy sugerente.

Según la autora, constantemente nos vemos bomdardeados por imágenes, muchas de las cuales han sido manipuladas digitalmente. En lugar de considerar que son ellas las que presentan una imagen discordante, asumimos que es nuestro cuerpo el defectuoso y necesita de una transformación urgente. Nuestra apariencia se convierte en el foco de todo lo que va mal y nos embarcamos en un proceso doloroso en busca de la “perfectibilidad”.  Y digo doloroso porque el susodicho proceso genera sufrimiento, nos convertimos en los peores jueces de nosotros mismos,  hemos decidido de forma inconsciente participar en un proceso de mutilación y violencia.

Por tanto nuestro cuerpo es algo que puede ser cambiado a nuestro gusto y antojo (aquí es dónde entraría en juego el anteriormente citado mito). Podemos crear una nueva corporalidad según nuestra idea mental de lo que deberíamos ser. No me gusta mi pelo, me compro uno nuevo. Mis dientes son demasiado pequeños, me pongo unos nuevos. Mi vientre curvado es horripilante a la vista, voy al gimnasio para que sea tan plano como una tabla.

Nos sometemos sin más a un mundo visual que no hemos creado. Esto es una  de tantas perversiones de nuestra sociedad. Ahora ser hermoso es un imperativo, todos debemos encajar en unos cánones de belleza que, por otro lado, son limitados y restrictivos.

Y este asunto es muy preocupante porque, siendo una patología social, se vive y sufre de forma individual. Nos han arrebatado el placer y el gozo de tener un cuerpo. Reivindiquemoslo.  Aceptemos y disfrutemos lo que tenemos, no anhelemos de lo que carecemos.

Por mi parte, yo me niego, nuevamente, a vivir así. Mi pequeña revolución es pasear por el mundo mi blancura pasada de moda, unos dientes grandes y torcidos, pelo corto  y mi tendencia al “rechonchismo”.

 

María Yagüe Manzanares
Psicólogo General Sanitaria
Colegio Oficial Psicólogos de Castilla y León Nº Col. CL-3707
myaguee@gmail.com